Al llegar esta época de frío y de nieve siempre pienso en lo bonito que es subir a esquiar a Andorra pero la mayoría de veces siento una gran pereza por el desplazarme hasta allí arriba y acabo por desistir… Aunque ésta vez me lo propuse y lo he hecho, en poco más de dos horas estábamos allí disfrutando del paisaje blanco en el pequeño principado andorrano.
Tras el lío de localizar el hotel y aparcar, nos acomodamos en la habitación para descansar bien y subir con el máximo de energía al día siguiente en las pistas.
Ya sabéis que quien no lo hace desde hace tiempo necesita un aporte de energía máximo para aguantar al menos media jornada y no terminar, pasada una hora, en el bar de la estación de esquí tomando algo el resto del día… ¡que tampoco lo descartaba!
La cosa fue bastante bien, la verdad es que en Vallnord lo tienen todo muy bien organizado. En un momento teníamos todo lo que necesitábamos para acceder: nuestro forfait para 2 fantásticos días de disfrute de las fantásticas montañas nevadas y de las bajadas más emocionantes. Aparte de innumerables pistas, tienen zonas habilitadas para hacer actividades como: mushing, speedride y excursiones con raquetas de nieve y con motos, entre otras… Un mundo de opciones a vuestro alcance para quien adore la nieve y quiera probar diferentes modalidades sobre ella. Ya os digo que yo soy bastante básica y de momento no he probado otras opciones, pero no descarto volver para hacer alguna actividad de mushing con esos animales tan adorables que son los huskies.
Para mí, encontrarte en ese lugar maravilloso subiendo hacia las pistas en el telesilla no puede más que transmitirte serenidad absoluta, se trata de un momento mágico: te abandonas a las mejores vistas y al silencio nevado… muy relajante…
Pero luego viene lo mejor (o lo peor en mi caso…): ¡enfrentarte a las bajadas! Pista verde, pista roja… Qué difícil elección cuando no recuerdas casi nada y mucho menos el nivel que puedes tener… Así que ¡a la aventura cuesta abajo y que sea lo que sea!
Por suerte, ningún daño a lamentar. ¡No me caí ni una vez! Y me dio tiempo de pasar por bastantes zonas, hasta por el bar de la estación
Después de ese agotador día, con dolor de pies, piernas, brazos y otras partes que no sabía que podían doler, acabamos en el fantástico centro termolúdico Caldea donde disfrutamos del agua calentita que nos alivió todos los dolores y nos devolvió a ese momento de tranquilidad que vivíamos a primera hora del día.
Al día siguiente repetimos pero probamos el centro Inúu, que se encuentra en el mismo edificio de Caldea, de allí sí que sales flotando hasta el hotel, os lo puedo asegurar, y se os olvidarán todos los males que hayáis podido pasar durante el día de sobresfuerzo esquiando en Vallnord.
¡No dejéis pasar otro año sin probar la nieve y disfrutar de esos paisajes tan bonitos a la vista y tan relajantes para la mente!